
Recuerdo el día que vi una estrella en la alborada, rugió en el cielo como si fuera un león en lo alto de la montaña; su fragor retumbó por toda la ciudad de Al-Qarim y sólo los Dioses sabrían hasta qué rincones del Mundo se escuchó aquel estruendo.
Ese día subí con el café que mis sirvientes y yo preparamos para los astrólogos, ayudé a preparar un pan sin levadura con pollo y res cocidos, para que los sirvientes comieran una vez que termináramos de preparar aquella bebida. Fue curioso cómo supimos de estos granos, un día uno de los pastores arreaba su rebaño de ovejas. Nos dijo que uno de los animales comió granos de un arbusto y ésta corría como si los dioses la estuvieran persiguiendo. El pastor le regaló una bolsa de estas semillas a mis padres, el Rey, la Reina, y a nosotros; el pastor nos recomendó que los tostáramos. El brebaje se volvió popular en Al-Qarim y en todo el Imperio. Le hemos comprado café desde entonces.
Hice un vaso adicional en caso de que mi Padre deambulara por los pasillos del Palacio. No me decepcionó; lo encontré cerca de una ventana, él veía a las lunas y a la ciudad. Sonreí y se lo entregué. Le propuse que subiera con nosotros, pero rechazó la oferta. Nos despedimos y seguí mi camino hacia la cúspide del Observatorio, en la cúspide de la pirámide.
Cuando llegamos al techo uno de los sirvientes abrió la puerta, pasaron primero y dieron un vaso a cada uno de los cinco astrólogos. El brebaje estaba menos caliente que hace poco, pero todavía sentía la temperatura en los vasos de arcilla aun con los pequeños platos para poner los pequeños cálices. Herví el café con un poco de canela que mi hermanda Radiyah me trae del mercado que ella supervisa, aunque prefiero ir personalmente al puerto y ver qué traen de tierras lejanas y de allende los mares.
Asimismo, admiro el trabajo de los Astrólogos del Palacio, por eso algunas noches hago vigilia para aprender el movimiento de las estrellas, la luna, y cómo afecta en la estación de las cosechas y las mareas, además voy a la Biblioteca para leer sobre los ciclos de nuestras dos lunas. Además, quiero tener una mejor idea de la voluntad de los dioses; aunque los Sacerdotes que me instruyen durante el día me contradigan y corrijan, diciendo que la voluntad de los dioses es inescrutable y que debería ignorar lo que conocen los Astrólogos. A pesar de que encuentro gozo en seguir las enseñanzas de los Sacerdotes, quiero entender la creación de los Dioses, por lo que no puedo ignorar ni dejar de cuestionarme acerca de este mundo. Noté que cuatro de los cinco Astrólogos estaban intranquilos, puede ser que puse granos de café de más.
Escuché el eco de un par de pasos, era uno de los Sacerdotes. Me miró y guardó silencio, se acercó a nosotros, después vino y se quedó a mi derecha, mientras que el Astrólogo estuvo a mi izquierda. Todos se quedaron callados pues era una sorpresa que él viniera al techo del Observatorio. Volvimos a ver las estrellas, era un silencio sepulcral; me incomodaba el mutismo. Vimos una lluvia de estrellas caer y desvanecerse en el horizonte. Mi corazón se llenó de alegría, pero debía disimularlo en la presencia del Sacerdote, debía ganarme los votos de ellos para convertirme en Reina.
Guardamos silencio y oramos.
Los Astrólogos, el Sacerdote y yo escuchamos un rugido en el cielo, algunos de ellos bajaron las escaleras y se escondieron. El Astrólogo que platicaba conmigo y yo alzamos la cabeza, vimos una bola de fuego que hizo compañía a la luz del alba. Le seguimos con la vista; cayó en la sabana fuera de la Capital. Estaba sorprendida y atónita. El Sacerdote me miró estupefacto.
El sol ya había salido. Fue una excelente oportunidad y fuimos hacia donde cayó el astro. Primero, bajamos con prisa los escalones; aunque no suelo hacerlo, me subí la falda hasta las rodillas para moverme con rapidez, aunque pasé después de los Astrólogos y del Sacerdote. Los escalones de piedra parecían interminables y las antorchas todavía nos iluminaban dentro del observatorio. Después de lo que me pareció una eternidad, llegamos a los pisos de abajo. Nos recibió el viento fresco de la mañana y un jinete que apenas bajó de su caballo, la respiración de él estaba agitaba y sus ojos casi saltaban de sus órbitas. Mi Padre, el Rey Sábed, y mi Madre, la Reina Dunya, estaban cerca y se allegó al jinete; hablaron. Caminé con zancadas tan largas como me era posible con la falda, me dirigí hacia ellos para escuchar algo de la conversación. Se hincó con una rodilla apoyada en el suelo y viendo hacia abajo. Logré llegar a tiempo.
Mi padre le ordenó al jinete que levantara la cabeza y se pusiera de pie, él acató la y vio a la cara del Rey. Mi Padre vio a los ojos del jinete con parsimonia y contemplación. Después vio al Comandante, le dijo que reuniera parte de sus tropas para escoltarlo junto con los Astrólogos, el Sacerdote y unos pocos funcionarios; también le ordenó que fuera la guardia del palacio con Madán, mi hermano, Radiyaj, mi hermana menor, y yo. El Rey dictaminó al jinete que nos guiara hacia donde estaba aquel pájaro de color nacarado. El jinete asintió y se puso al frente de la caravana.
Mi Padre y mi Madre entraron al tercer carruaje, mis hermanos y yo en el cuarto. Aparentemente yo era la única emocionada. Madán conservaba aquella cara de piedra inescrutable; por una vez me gustaría saber qué está pensando en este momento. Radiyah estaba concentrada con el ir y venir de las cuentas negras del ábaco que guardó en su bolsa junto con una plétora de papiros enrollados, una vez que la carroza empezó a moverse.
Las calles de la ciudad de Al-Qarim se llenaron de personas que veían pasar la caravana y que alzaban sus cabezas, viendo a la estrella que cayó en la sabana. Escuchaba sus gritos, algunos de tanta alegría que los vi hincarse y poner sus cabezas sobre el suelo de tierra; las caras de otros eran de miedo y cerraban sus ventanas o jalaban a los infantes hacia dentro de las casas; otros gritaban injurias mientras seguían con la mirada la estela que dejó el astro. Lo último que vi antes de emprender el viaje a la sabana fue que los soldados apresaban a los pocos que sacaron sus espadas o apenas un cuchillo. Cerré la puerta del carruaje y avanzamos hacia donde nos llevó el jinete. Nos abrieron paso con ayuda del ejército.
Avanzamos rápidamente por la calle principal hasta la puerta de la ciudad, después vimos árboles esparcidos por la sabana, leones, ciervos y leopardos. Lamentablemente no pude ver a la ciudad mientras nos alejábamos, de ser así yo vería la pirámide donde vimos aquella extraña estrella fugaz. Calmé mi respiración por un momento, sentí como si fuera una eternidad cuando corrí por los escalones, pero valió la pena. Por otro lado, en unas horas veré al cónsul del Imperio Lusitano y a la embajadora de la República de Gesvardor.
Cuando llegamos al lugar para ver aquella bola de fuego o ave, lo que fuera. Bajé del carruaje, corrí hacia la colina y lo que vi me desconcertó, no era un pájaro, como dijo el jinete, ni era un león o alguna bestia que rugiera; se pareció más a una gran carroza con forma de triángulo, la punta era de color negro mientras que el resto era blanco, sin ventanas, ¿Y los caballos?, ¿Adónde fueron los animales que lo jalaban?, por otro lado, también vi que tiene alas, se veían tan rígidas que no me imagino cómo podría volar, tampoco tenía plumas; todavía no comprendo cómo llegó hasta aquí, pero… ¿Qué fue lo que vi?, se abrió un costado de aquella extraña carroza, bajé con cuidado para ver mejor.
Vi que salieron cinco personas con un ropaje que me pareció raro, todos sus conjuntos eran grises además que el color de sus pieles es o blancas, morenas o de color oscuro; es lo mejor que pude ver desde la colina. Por otro lado, estaba emocionada por conocerlos, fui paciente porque supuse que debían estar cansados debido al viaje y no quería incomodar a los Dioses o, probablemente sus Mensajeros.
Al pie de la colina, los tripulantes del transbordador regresaban la mirada a Clío; estaban lejos y lograron ver a la multitud reunirse alrededor de la nave y del equipo. La muchedumbre era grande y bulliciosa. Los soldados separaban a los plebeyos de los funcionarios; además estaba presente una figura que suponían era el Rey, la Reina, dos Princesas y un Príncipe con armadura.
- Repasemos. Dylan, a partir de aquí ¿Cuál es el plan? – dijo Colbert.
- Seguir con los objetivos principales; reunir datos de campo acerca de las sociedades asignadas y obtener muestras biológicas para conservarlas y analizarlas en la Estación Espacial – informó Dylan.
- Me imagino, pero no sabemos nada de esta sociedad ni tampoco qué estarán diciendo – observó Fátima.
- Escuché el lenguaje de los locales en un radio de 1 kilómetro, procesé y encontré tres grupos de palabras que están repitiendo con frecuencia, “lajin”, “taslam ni lajin” y “shadan”, cuya traducción sería “dioses”, “mensajeros de los dioses” y “demonios”, respectivamente – informó Dylan.
- No me extrañaría que nos vieran de esa forma – contestó Fátima.
- Aunque sería tentador presentarnos como dioses – bromeó Alicia.
- También peligroso, capaz y nos empiezan a pedir milagros que no podemos hacer – observó Andrew.
- Cambiando de tema, Dylan, ¿Qué tipo de armamento tenemos para defendernos? – dijo Colbert.
- Si se refiere a armas letales, las Pistolas de Gauss que portan; Los Rifles de Gauss los dejamos en el transbordador. Si se refiere a las no letales, las pistolas tasser que también llevan con ustedes, además de los trajes de camuflaje activo, exoesqueletos para uso civil y los drones a bordo del transbordador – respondió Dylan.
- Sería un problema si hubiera un accidente, afortunadamente nuestras armas tienen identificación biométrica – dijo Andrew.
- Un peso menos de encima, pero ¿Qué hay de la protección del transbordador? – inquirió Colbert.
- En el peor de los casos, el transbordador se activará desde el Magallanes para despejar, maniobrar, coordinar un punto de extracción y llevar a la tripulación de regreso. Aunque calculo pocas posibilidades de que eso ocurra tomando en cuenta la información disponible. También han mencionado varias veces a “Al-Qarim”, “Sábed”, “Dunya”, “Clío”, “Madán” y “Radiyah” entre los soldados y funcionarios, suponiendo que son quienes están más cerca. Deduzco que es la Ciudad y Familia Real– informó Dylan.
- Dale, vengan esos cinco, Dylan – respondió Colbert levantando la mano, mostrando los dedos y sonrió a Dylan. Éste respondió al gesto de forma mecánica y con parsimonia.
Los cinco caminaron hacia la multitud. De los soldados, vieron las lanzas de color negro y las armaduras hechas con pieles, y de quienes podrían ser la Familia Real observaron ropas de lino color blanco, joyas y esclavas de oro.
- Una cosa más. Si nos separamos o necesitamos ser discretos, nos comunicamos por CIHM – dijo Colbert.
- Confirmado. Cambio – pensaron todos al unísono.
- Dylan, ¿Qué tal va el análisis del lenguaje de los nativos? – pensó Colbert.
- Está completo; lo transferiré a sus implantes para que puedan comprender y hablar el idioma de los nativos – pensó Dylan.
- Gracias, te debemos una – pensó Alicia.
- No lo agradezca, estoy programado para eso. Ahora deberían entender lo que dicen y hablar con los locales – dijo Dylan.
- Ya llegamos. Que ellos hablen primero, y de ser necesario, somos los mensajeros de sus dioses – pensó Colbert.
- Entendido. Cambio y corto – pensaron Andrew, Alicia y Fátima al mismo tiempo.
- Bienvenidos, los acompañaré al carruaje que los llevará a la Capital. Mi nombre es Clío – dijo ella. Llevaba un vestido de una sola pieza, con una falda que llegaba hasta los tobillos, con poco maquillaje – por aquí.
La tripulación formó un arco para cubrir a Clío desde atrás. Se movieron entre soldados con turbantes, cimitarras, espadas, escudos de madera, algunos de piel morena otros de dermis oscura; por otro lado, los funcionarios estaban vestidos de una túnica color café, con turbantes de color negro; notaron que ellos los veían con recelo y sorpresa, sobre todo las miradas hacia Colbert, cuya estatura sobresalía de la tripulación. Les hacían reverencia por donde pasaban, sobre sus rodillas y con la cabeza tocando el suelo. Por último, llegaron a ver dos carruajes tirados por caballos de color negro. Los recibieron la Reina y el Rey, de complexión robusta a pesar de ser un hombre de avanzada edad y a pesar de que el tamaño de los músculos de sus brazos había disminuido; él los inspeccionó de pies a cabeza a todos. Además, los recibió otra persona, una joven vestida con una falda que llegaba a mitad de las rodillas y con colores vivos en los párpados, a diferencia de Clío. Por último, vieron a un joven que llevaba una espada enfundada en una vaina que tenía en su cintura; vestía una túnica blanca y turbante de color rojo. Su miraba era penetrante, y centró su atención tanto en Dylan como en Andrew y Colbert, con quien subió la cabeza para ver su cara.
Clío les hizo una señal con el brazo para que entraran a la tercera carroza del frente, la tripulación caminó hacia donde les indicaron. Notaron dos tatuajes en el brazo derecho de Clío, como si lo hubieran marcado con fuego. Los sirvientes les abrieron la puerta al Rey, a la Reina y la tripulación. Clío, la otra Princesa y el Príncipe subieron en la otra carroza. Las dos carretas se movieron con rumbo a la Capital.
- En representación de mi reino les damos la bienvenida. Mi nombre es Sábed y ella es la Reina Dunya – dijo el gobernante. Su mirada era tanto de disimulada alegría como de extrema cautela.
- Le agradecemos su hospitalidad, somos los mensajeros de los dioses – respondió Colbert.
- Me alegra escuchar tales noticias. Esta noche haremos un banquete para celebrar su llegada, ¿Hay algo que deseen hacer antes que celebremos con Ustedes? – propuso Sábed.
- Nos gustaría recorrer la ciudad, si no es molestia, Su Majestad – respondió Colbert de forma cortés; hizo una reverencia.
- Agradezco la cortesía por referirte a mí como Su Majestad. – sonrió – Ustedes son nuestros huéspedes el tiempo que deseen quedarse. Estoy ansioso por saber cuál de mi hijo e hijas me sucederá en el trono en siete días. No he podido dormir por eso.
- Le agradecemos su hospitalidad, ¿Qué lugares nos recomendaría para recorrer la ciudad? – inquirió Colbert.
El Rey tocó sus enjutas y canosas barbas, su mirada se desvió ligeramente hacia arriba. Después sus ojos recorrieron a toda la tripulación. Ambas carretas llegaron al palacio. Clío y sus hermanos bajaron del carruaje.
- Mis hijos les pueden mostrar la Biblioteca de la Ciudad, los Mercados, los Puertos y las Barracas. Para su protección y la de mis hijos, los escoltarán soldados. Espero que sea de su agrado – informó Sábed. Él bajó primero, con ayuda de los sirvientes del palacio; la tripulación salió detrás del Rey y de la Reina Dunya.
- Primero iremos a la biblioteca y después cada uno permanecerá con sus hijos. Pero antes, me gustaría que nos cambiáramos a un ropaje más acorde con la ciudad, si nos es molestia – dijo Colbert.
- No es molestia en lo absoluto, pueden pedir lo que deseen – respondió el Rey Sábed.
Con un movimiento de mano, el Rey llamó a sus sirvientes y les ordenó que trajeran trajes y vestidos para la tripulación. Ellos vieron que los sirvientes hicieron reverencia al Rey. Cada uno fue a los vestidores del Palacio.
Fátima y Alicia se vistieron con un conjunto de un velo y un vestido color esmeralda y azul cielo, respectivamente, que incluía un velo que recorría la cabeza. Alicia disimulaba su incomodidad, mientras que Fátima se sentía como en casa, como si estuviera en la ciudad de Beirut, en El Líbano. Andrew, Dylan y Colbert se vistieron con túnicas de color blanco, un cinturón negro y sandalias.
Se dirigieron a la biblioteca, abrieron una puerta de caoba y encontraron a Clío viendo hacia la entrada. Su mirada era inquisitiva, los vio de derecha a izquierda y arriba abajo. Su mirada se detuvo en Andrew y Dylan; Clío disimuló su sorpresa.
- No esperaba que algunos de los mensajeros de los dioses se parecieran a quienes vienen de los reinos del norte, aunque no veo que tengan las orejas puntiagudas de ellos – dijo Clío. La tripulación disimuló extrañeza – Hace no menos de un año, una arquera vino a nuestro Reino para cuidar de mí, su nombre es Morgwen. Aunque se retiró porque la llamaron, temen que se rompa una tregua con el Imperio Lusitano. Me regaló esta piedra antes de irse.
Clío sacó una roca, la tripulación vio que ésta era de color gris oscuro, un amasijo de cubos fusionados cuyo tamaño no era más grande que una pelota de golf, parecido a la torianita.
- ¿Qué es lo que hace esta piedra? – inquirió Alicia.
- Según lo que ella me dijo aumenta el efecto de la magia. En nuestro reino no hay mucha comparada con la del Imperio Lusitano y la República de Gesvardor – dijo Clío. La tripulación y Clío vieron unas vasijas de arcilla. Clío fue por una. Murmuró algo en un idioma que no podían entender. La forma de la vasija cambió a la de un escarabajo. Clío lo mostró a la tripulación – Tal vez no sea mucho, pero es un regalo para los Mensajeros de nuestros Dioses.
- Estoy impresionada por lo detallado de las alas, el abdomen y la cabeza – examinó Alicia.
- Me halaga su observación – dijo Clío.
- Por otro lado, ¿Cómo que esa roca amplifica la magia? – inquirió Fátima.
- Lo probé antes al forjar la espada que le regalé a mi hermano; aunque la última vez que la usé fue para curar a los súbditos de este reino y del país vecino debido a que una plaga nos afectó hace cincos años. Dejó de funcionar a partir de esa vez – dijo Clío – les muestro la cuidad, si así lo desean.
- ¿Nos separamos o permanecemos con alguien? – pensó Alicia.
- No sabemos del sistema político del este país. Igual toman a mal si favorecemos a alguien. A parte no podemos interferir más en sus asuntos – pensó Colbert.
- Entonces, ¿Quién va a proteger cada uno? – pensó Andrew.
- Explica, por favor – pensó Colbert.
- Ellos están al tanto de nuestra nave mientras seguimos con nuestras misiones; si se nos sale de las manos, Dylan y Nemo fijarían coordenadas para el punto de extracción y nos vamos – pensó Andrew.
- También está la cuestión de esa piedra, considero que hay que estudiarla – pensó Alicia.
- Lo discutiremos cuando nos reportemos los tres equipos con Nemo, él nos dirá si proseguimos con la roca – pensó Colbert – regresando a nuestros anfitriones. Andrew, harás compañía al hermano; Fátima, irás con la hermana; Alicia y Dylan, con Clío. Yo protegeré al Rey. Estaremos en contacto por este canal de comunicación.
- Entendido. Cambio y corto – pensaron al unísono Alicia, Dylan, Andrew y Fátima.
- Disculpen, me gustaría saber sus nombres, por favor – inquirió Clío.
- Con gusto, mi nombre es Colbert – respondió. Clío vio en la extrema derecha a un hombre musculoso, alto de piel tan oscura como los granos tostados del café. Clío estrechó la mano de Colbert, sintió sus manos grandes y su fuerte apretón de manos; ásperas – Iré a proteger al Rey Sábed y la Reina Dunya, si me lo permite, Princesa Clío.
- Agradezco su ofrecimiento, los Guardias del Palacio protegen a mi Padre y puede ayudarlos en lo que Usted considere necesario – informó Clío. Ella disimuló pasmo e incomodidad. Los Dioses en verdad lo ven y escuchan todo, pensó.
- Encantado de conocerla, me llamo Andrew y protegeré a Madán – se presentó. Clío vio a la derecha de Colbert a un hombre de piel blanca, cabellera rubia con una cola de caballo hasta los hombros y ojos azules. También le estrechó la mano, el tacto también era nudoso.
- Princesa Clío mi nombre es Fátima y cuidaré de Radiyah – Clío vio al centro de la tripulación y observó a una mujer que pasaría desapercibida en la ciudad; cabello negro, piel trigueña, sólo los ojos aceitunados la distinguirían. La piel de Fátima era suave, aunque el apretón de Fátima era firme.
- Dejo en sus manos a mi Familia – dijo Clío haciendo una ligera inclinación.
- Yo la acompaño, Princesa Clío. Mi nombre es Alicia – se presentó.
- Mi nombre es Dylan e iré con ustedes, pero antes, me gustaría leer un libro o pergamino sobre la historia de la ciudad de Al-Qarim – dijo el androide.
- Encantada, aunque no sé cuál quisiera, si de la vieja o la nueva escritura – informó Clío.
- Ambos, por favor – respondió Dylan.
- Con gusto, después les mostraré el puerto después de que vayamos a una misión diplomática con el cónsul del Imperio Lusitano y la embajadora de la República de Gesvardor – informó Clío.
Clío llamó al bibliotecario y a uno de sus sirvientes, se dirigió hacia ellos y hablaron. El bibliotecario se fue por la derecha mientras Clío y su sirviente caminaron a la derecha. Momentos después, regresaron con dos pergaminos gruesos que tenían que cargarlos con ambas manos. Dylan tomó y leyó uno de los pergaminos mientras acomodaba el otro en la parte interna del codo del brazo derecho. Dylan leyó ambos pergaminos con cuidado para no romperlos.
- Nos retiramos, Princesa Clío, iremos con el resto de la familia real – informó Colbert.
Colbert abrió la puerta de caoba, salieron Fátima, Andrew y él, después cerró la biblioteca. El abrazador calor también le daba la bienvenida a la tripulación en la ciudad de Al-Qarim. Por otro lado, Dylan había terminado de leer los pergaminos.
- Princesa Clío, ¿Tiene prisa por llegar a la misión diplomática? – cuestionó Alicia.
- Nuestros invitados llegarán en dos horas. Y a pesar de que llegamos a caballo en una hora, sería una descortesía si no terminara los arreglos necesarios para recibir a la Embajadora y al Cónsul – respondió Clío.
- Disculpe, ¿Habría algún problema si me llevo un pergamino para leer mientras está en su misión diplomática?, no quiero retrasarla – dijo Dylan.
- Le ofrezco los papiros y mapas que tenemos en la Embajada, además del resto de la Biblioteca cuando regresemos al Palacio, si no hay problema – informó Clío.
- Encantado, no deseo retrasarla más – respondió Dylan.
Clío no sabía si los Mensajeros eran fáciles de complacer o si era por prudencia y respeto a su tiempo, pero agradeció el gesto. Alicia, Dylan y Clío salieron de la Biblioteca. Clío ordenó que fuera una carroza. Llegó, subieron y se dirigieron hacia la Embajada.
Cacería Nocturna (Versión Revisada).
Cacería Nocturna ¡Esto debe ser una pesadilla! Hace un momento estaba cerca de la estación Nagatinskaya por la madrugada y ahora, ante mis ojos un laberinto de ladrillos rojos, iluminación sombría y un silencio atroz. Inesperadamente, vi aquellos ojos rojos acompañados por un sonido mecánico distorsionado y un olor acre, a muerte. Esa cosa me…
Apaciguamiento/Appeasement (Flash Fiction)
Los lugareños de Ak’thán se congregan en la luna llena, una vez al años alrededor de lo que parece ser una tumba. Entre fogatas y estrellas, sale bruma de lo que pensé era una tumba; apaciguan a lo que ellos llaman un demonio. Ahora suena la puerta de piedra y vemos estupefactos cómo se abre…
Besos Escarlata/Crimson Kisses (Flash Fiction).
Él vio a una morena de cabello azabache y ojos marrones, al otro lado de la barra. Ella volteó a verlo. Él sonrió. Ella guiñó, coqueta. Después intercambiaron miradas juguetonas. Ella devolvió la sonrisa e invitó a que tomara asiento a su lado. Él caminó y se sentó con ella. Tomaron unas copas, rieron y…
Este relato está registrado con licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International (CC BY-NC-ND 4.0).
Para más información sobre la licencia, recomiendo leer la siguiente página: https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/
Si te agradó leer este relato, agradecería que lo recomiende en sus redes sociales.
Links Externos:
[Hacksmith Industries] (26 de marzo) Bionic Arm = Maximum strength (Crysis Nanosuit IRL) [Video] https://www.youtube.com/watch?v=L0esNg2ys_s
[Magnet Expert] (26 de marzo) How does a Gauss riffle work? [Video] https://www.youtube.com/watch?v=WaI9iq5asOE
[Night Hawk in Light] (28 de marzo) An Invisibility Shield – Does it work? [Video] https://www.youtube.com/watch?v=CFiPJjrmmtE
[Sorprendente] (25 de marzo) ¿Qué tan cerca estamos de crear un traje de Iron Man Real? [Video] https://www.youtube.com/watch?v=2WfLvhW4cUA
Ramsay, Chris [Chris Ramsay] (28 de marzo) Testing a real Invisibility Shield!! (How good is it?) – Unusual [Video] https://www.youtube.com/watch?v=TJvGOI263po
Un comentario en “Crónicas del Planeta Tharsis, Capítulo 1: El Rugido que vino del Cielo”