Cacería Nocturna (Parte 1).

Lecturas Recomendadas:

El Caso de Charles Dexter Ward, escrito por H.P. Lovecraft.

El Horror de Dunwich, escrito por H.P. Lovecraft.

Herbert West, Reanimador, escrito por H.P. Lovecraft.

Los Perros de Tíndalos, escrito por Frank Belknap Long.

 

Nota: La descripción del Loto Negro y la Meseta de Leng las pueden encontrar en el cuento «The Black Lotus», escrito por Robert Block.

 

 

  • Me alegra que haya venido – dije al Doctor Bloch.

Bloch entró a mi departamento y después fuimos a la habitación donde no hace falta que el sistema de enfriamiento funcione todo el tiempo, el frío de las calles de Moscú y arreglos para no dejar pasar la humedad del aire mantienen frío el cuarto de las granjas de criptomonedas.

Bloch encontró una silla y se sentó tan cerca como lo permitía un microdepartamento modificado para tener una , un escritorio, una supercomputadora personal Qing Tech con Inteligencia Artificial (IA), además de un equipo portátil de resucitación cardiopulmonar, una mesa quirúrgica y un encefalograma que compré hace poco, es decir, demasiado.

Él me dio un flashdrive y una caja de clozapina. Tomé la unidad de almacenamiento portátil y lo puse sobre el escritorio mientras colocaba las cajas de medicamento en la gaveta de en medio.

Providence, la IA, leyó los datos del pendrive para detectar cualquier virus, ransomware o algún troyano. La unidad estaba limpia y encontré el archivo que Bloch vino a entregarme: el pago en fracciones de BTC, una criptomoneda que ahora cuesta una fortuna.

Para celebrar, saqué dos cigarrillos Katyusha. Ofrecí uno a Bloch, lo rechazó amablemente. Devolví el cigarro a su paquete y éste al cajón debajo de donde puse las cajas; lo cerré y encendí el mío.

  • Me sorprenden las investigaciones que llevas a cabo, desde física hasta biología y nanotecnología – dijo Bloch después de ver los monitores empotrados en la pared donde desfilaban datos, ecuaciones y códigos tan rápido como si estuvieran en un desquiciado maratón.
  • Las llevó a cabo Providence – dije con una mezcla de humildad y orgullo – aunque me gustaría que dejáramos que las IA investigaran y desarrollaran tecnología, lo harían más rápido que nosotros.
  • Hasta donde he visto, siempre has sido impaciente y optimista sobre los avances de la ciencia, hasta el punto de que ser precavido parece ser un chiste para ti – respondió Bloch.
  • ¡Claro!, si desarrolláramos una Inteligencia Artificial General (IAG) ya estaríamos más allá de nuestro sistema solar, por ejemplo – comenté emocionada.
  • De por sí ya hemos desarrollado IA que nos han ayudado demasiado, aunque prefiero que la humanidad no se extinga por una tecnología que pudiera estar fuera de nuestro control. Cambiando de tema, ¿Qué proyecto me dijiste que me ibas a mostrar? – inquirió Bloch.
  • He estudiado una sustancia que encontré con Cheng Gao cuando fui a la Meseta de Leng o así lo llamaron los locales, probablemente en Asia Central creo que está entre la República Popular China y Bután, no lo sé, el GPS no funcionaba bien en esa ocasión; tomé suficientes plantas a las que los locales llamaron “Loto Negro” e hice 15 tabletas. También envié tres pastillas a las universidades de Berlín, San Petersburgo, Beijing y Tokio para que las analizaran molecularmente e hicieran ensayos con computadoras de ADN los efectos de esa sustancia en una simulación del ciclo de sueño humano. También programé a Providence para que hiciera esos análisis. Todos los ensayos muestran estructuras inusuales en una planta, que desaparecían tan pronto hacía el simulacro que mencioné antes – envié un reporte a su celular.
  • Extraordinario, ¿Cuántas pastillas te quedan? – respondió Bloch, incrédulo, después de leerlos por unos minutos.
  • Dos. Una de las tabletas la usé para ver los efectos de esa sustancia en mí. Por otro lado, intenté ir nuevamente a la Meseta de Leng para buscar más conseguir más muestras, pero es como si se hubiera esfumado – informé.
  • Es curioso, pero ¿Qué más hiciste? – cuestionó Bloch. Hice una pausa para pensar lo que iba a decir.
  • Programé a Providence para que me realizara un electroencefalograma y un electrocardiograma mientras dormía; el lapso que duró la ensoñación durante las etapas sueño profundo y REM me pareció una vida. Además, le di instrucciones de que me despertara si ocurría algo, por ejemplo, arritmias o convulsiones – Informé. Después le envié el reporte y la gráfica a su celular. El Señor Bloch los leyó.
  • Se ven normales hasta donde muestra Providence… en serio, ¿Para qué me necesitas? – respondió Bloch, lo observé quitándose el armazón de sus lentes con un ligero gesto de impaciencia después de revisar los reportes.
  • Tomaré la última pastilla y necesito que me despiertes en caso de que veas que convulsiono o entro en paro cardio-respiratorio. Dejé medicamentos y paletas de resucitación por si acaso.
  • ¿Por qué tantas precauciones? – observé que Bloch estaba intrigado.
  • Hay una parte donde Providence me despertó en el tercer ciclo del sueño profundo.
  • Funcionó como esperabas, no veo el problema – observó Bloch, inquisitivo.
  • Lo único que tienes que hacer es lo que te dije, Providence registra mis signos vitales y todo lo que ocurra en esta habitación – dije.
  • ¿Algo más aparte de las convulsiones? – preguntó Bloch.
  • En el peor de los casos, taquicardia, apnea del sueño, actividad cerebral errática y crisis epilépticas. En esta ocasión, programé a Providence para que siga con la prueba – informé.
  • Es muy arriesgado – observó Bloch.
  • No te pido que seas mi conejillo de indias, ¿Cierto? – lo reté.
  • Cierto – respondió Bloch lacónico y desconfiado. No lo culpo.

Apagué el cigarrillo, después fui por una botella con agua, tomé la pastilla de Loto Negro con un sorbo de agua. Acto seguido me recosté sobre la mesa quirúrgica y Bloch aseguró las correas para inmovilizar las muñecas y los tobillos. Después Bloch me puso los electrodos para Electrocardiograma que no necesitan gel.

  • Sophie, si este experimento termina, quiero que lo dejes. He notado que a veces estás confundida y tienes dificultad para concentrarte – dijo Bloch.

No causa adicción, pero Bloch tiene razón, las ensoñaciones eran tan vívidas que, al despertarme, tenía la sensación de que estaba viendo una película, como si no fuera yo. Tomo las tabletas de clozapina para tratar alucinaciones que provoca el “Loto Negro”.

Enfoqué mi mirada en un punto del techo y reduje el ritmo de mi respiración, hasta que pude escuchar el siseo de las aspas de mi computadora personal, sentir el lento latido de mi corazón y el tic-tac del reloj de pulsera del Dr. Bloch. Después, el silencio absoluto, seguido por la sensación de ser jalada hacia una luz azul oscura donde poco a poco aparecía una luz blanca que abarcaba toda mi vista y luego se volvía un punto radiante en medio de las tinieblas.

A pesar de que me sentía pesada, avancé con la mirada hacia la luz y, cuando estaba cerca, sentí cómo me jalaba hacia adentro. Vi un fondo granulado, acercándome rápida y después, vi desde las gradas a un político de Estados Unidos de América con el cabello cano, sosegado y, aun así, enérgico, cuyos discursos robaban aplausos y ovaciones, sonaba el celular, lo saqué y vi que era febrero de 2016; mi vista se perdió en el brillo del celular, que se hizo más intenso e, inesperadamente, escuché disparos de armas de fuego y lo que me pareció era artillería. Yo tenía un fusil de francotirador y una voz en ruso de una mujer que me decía que me cubriera, pude ver una insignia con el martillo y la hoz amarillas sobre el fondo rojo, colgaba a la altura del corazón, me cubrí… otra vez silencio y esa luz blanquecina al centro. Después vi pasar incontables vidas de infantes, mujeres, hombres desde los otrora Imperios Británicos, Romano y Egipcio, hasta ver como los primeros humanos y primates los reemplazaban mastodontes y enormes aves, que daban paso a grandes reptiles carnívoros y herbívoros, y después reptiles no mayores que la cabeza de un lápiz, que después cambiaban su forma a insectos y alimañas gigantes, aguardando con sus quitinosas patas y mandíbulas en las entrañas de la selva primitiva, tan amplia como el océano donde vi criaturas de la arcaica Tierra para, en última instancia, ver el brillo de las primeras estrellas del universo replegarse hacia el vacío.

Después sentí frío, ansiedad e intranquilidad. Nunca había llegado hasta este lugar. Estoy paralizada y no puedo ver qué hay frente a mí, sin embargo, percibí un hedor repugnante, rancio y acre; después escuché gruñidos viscerales, distorsionados y metálicos alrededor de mí, en todos lados; sólo pude ver varios pares de ojos carmesí acercándose.

Traté de escapar de cualquier forma, intenté correr y mover mis brazos, fue inútil. Vi con terror que estaban más cerca, al mismo tiempo que escuché el chasquido de sus mandíbulas. Quise huir e intentar moverme no importaba lo infructuoso que fuera.

Lo último que recuerdo fue ver a Bloch haciendo presión constante y rítmica sobre mi tórax; él vio que abrí los ojos y se detuvo. Era raro verlo tan preocupado a pesar de mantener la compostura. Bloch suspiró de alivio tan pronto vio que tosí y comencé a respirar. Desató las correas de las muñecas y los tobillos.

Tan pronto recuperé la conciencia, ordené a Providence que me diera un resumen de lo que ocurrió antes de despertar. Me sentí mareada y desorientada.

  • A las 5:36 p.m. del martes 25 de febrero de 2046, Sophie Johnson tuvo una presión arterial de 170/105 al mismo tiempo que una crisis epiléptica con duración de dos minutos, el Dr. Alfred Bloch procedió a despegar las vías respiratorias y retirar objetos cercanos que pudieran dañar a Sophie. Después ella experimentó un paro cardio-respiratorio, sin pulso por dos minutos y treinta segundos, durante el cual el Dr. Bloch confirmó respiración, respuesta a estímulos externos y pulso; después procedió con compresiones torácicas y ventilaciones hasta que Sophie recuperó la conciencia – informó Providence.
  • ¡Quiero que lo dejes inmediatamente! – espetó Bloch. Después se fue del departamento azotando la puerta. Quizá fue con rumbo a la estación de tren con destino a la Universidad de Berlín.

Ciertamente dejé el “Loto Negro”, no quería regresar a lo que quiera que fuera eso. Ni porque tuviera una más volvería a usarla.

Pasaron dos días después de que vi a Bloch para ese experimento con el “Loto Negro” y todavía recuerdo ese nauseabundo olor; peor todavía, por las noches desperté oliendo ese hedor y no podía reconciliar el sueño, ni siquiera poniéndome perfume cerca de la nariz.

Salí a caminar, estaba sola y creí escuchar un susurro que al principio no podía escuchar ni ubicar de dónde venía; giré a mi derecha y había dos personas, pero estaban lejos de mí. ¡Rayos!, olvidé la botella con agua. Aunque por un momento me sentí desorientada y adormecida. Fui y entré a una tienda de conveniencia que estaba cerca. Tomé una botella de agua, fui con la cajera y di un manotazo con no sé cuántos rublos, ni vi si eran monedas o billetes. Creo que la señorita saltó y me miró con sorpresa. Me dio el cambio, lo tomé lentamente; temblé un poco al abrir la botella y tomé una pastilla. Ahora faltaba que hiciera efecto el medicamento.

Salí y vi algo humanoide de color negro, estaba más cerca que antes y había algo más que no podía distinguir. Escuché que hablaba de forma ininteligible. Cuando se acercaron, vi nuevamente a esa figura sombría, parecía una gabardina negra que tocaba el piso, esos rubicundos ojos se fijaron en mí, temblé más que la vez que vi esa oscuridad y con esos gruñidos. Escuché algo que no lograba entender.

Lo último que recuerdo, fue que corrí despavorida hacia dentro de la estación Nagatinskaya.

 

Llevé la cena que preparé tanto para Armitage como para mí; dos Lobster Roll al estilo Connecticut, unos emparedados de langosta caliente con mantequilla derretida, para que Armitage y yo revisáramos unos reportes mientras merendábamos. Residimos en uno de los Campus la Universidad Miskatónica, en las afueras de la ciudad de Dunwich, así que es muy difícil que nos traigan algo para comer desde la ciudad. Además, es de noche. Aunque quisiera trabajar un poco más cerca de la ciudad, no me quejo, hay una biblioteca con varios grimorios, el Libro de Eibon y el Necronomicón son algunos de los que tenemos.

Toqué la puerta, escuché que sonó el celular de Armitage.

  • Adelante – me dijo. Dejé la bandeja sobre el cajón, abrí y después llevé la bandeja adentro. Puse la bandeja sobre el escritorio de Armitage. Al mismo tiempo, Armitage contestó el celular.
  • Doctor Bloch, ¿En qué puedo ayudarte?… entendido, te ayudaré a buscar a Sophie, ¿Pasó algo?… Iré de inmediato con mi asociada… Claro, nos vemos en la estación Ulitsa Skobelevskaya – Colgó y me ayudó a poner la bandeja en la mesa.

La oficina de Armitage estaba pulcra como siempre, cuatro plumas de tinta negra con la punta mirando hacia él, cuadros de cuando él fue a Tesalónica, Moscú, Kabul y West Point firmada con “Memento Mori” en una esquina, una computadora personal, dos sillas al otro lado de donde se sienta él y un adorno con el emblema de la Universidad Miskatónica. Lo que me molesta es el olor a pólvora que tiene después de que va a la galería de tiro.

  • Ahora mismo compro los boletos de avión para Moscú, ¿Cuántos ordeno?
  • No será necesario; iremos tú y yo en un avión privado con destino al aeropuerto Domodedovo. Antes, haré una llamada. Sería un problema si tuviéramos un altercado en Rusia, además de que sería útil tener información adicional – con esa máscara llamaría la atención, ciertamente. Aunque a él no le importa mucho que lo miren con o sin la máscara. Marcó y pasó algo de tiempo para que alguien contestara.
  • Laryssa, buenas tardes. Necesito que hagas unas llamadas para portar armas en Rusia. Nada problemático, sólo una pistola Desert Eagle y dos Colt M1911A2. Además, necesito información acerca de Sophie Thompson. Igual nos podemos ayudar… sí, Bloch me dijo acerca de las muestras… también me dijo del estado mental de Sophie… será duro para Bloch y Sophie, pero suena a un trato…  nos vemos en el aeropuerto de Domodedovo; vuelo privado, dos personas – Armitage colgó. Se quedó pensando por un momento.
  • Disculpa la intromisión, ¿Quiénes son el Señor Bloch y Laryssa? – volteó la cabeza hacia mí.
  • Viejos amigos de cuando yo servía en el Ejército de los Estados Unidos de América – respondió Armitage.

Por lo general trabajamos con todos los gobiernos, y es bueno saber que tiene amistades fuera de Dunwich. Entre otras habilidades, él puede manipular el tiempo.

Por otro lado, comí uno de los emparedados del Lobster Roll y tomé un sorbo del café negro después de ponerle dos cucharadas con azúcar; Armitage se quitó la máscara, comió el emparedado y tomó el café sin azúcar. Por lo general come rápido, sin embargo, seguía con la mirada fija en un punto de la mesa, meditabundo. Terminé de comer antes que él.

  • Antes de ir, visitaremos al Doctor Herbert West – dijo Armitage. Se puso la máscara antes de salir. Las primeras veces que lo veía sin la careta me dio miedo, aunque con el trato de vez en cuando hasta me parece simpático algunas veces.
  • Me pregunto en qué estará trabajando ahora.
  • Mientras no sea un suero para reanimar muertos, todo está bien – respondió Armitage. También espero que el Doctor West no lo vuelva a hacer.

Nos levantamos de nuestros lugares y salimos de la oficina. Llevé el vaso y la envoltura a un bote de basura que estaba cerca. Armitage limpió la mesa antes de salir y tiró la basura. Caminamos por los pasillos iluminados, pintados de color naranja. Después llegamos a una puerta que tenía una placa con el nombre “Dr. Herbert West”. Armitage tocó tres veces, “¡Ya voy!”, se escuchó al otro lado de la puerta; el Doctor West abrió un poco después. El cuarto donde estaba el Doctor West tenía una iluminación que combinaba penumbras con el color del jade.

  • ¡Oh!, buenas tardes, Armitage y Charlotte, ¿Necesitan algo? – cuestionó el Doctor West.
  • Una caja con pastillas de fenobarbital – respondió Armitage.
  • Eso está raro, ¿Para qué lo vas a usar? – preguntó el Dr. West. También me pareció inusual.
  • Inducir el coma, en el peor de los casos.
  • ¡Caramba, hombre!, tómalo con calma. Ahora vuelvo – respondió el Doctor West dándole una palmada al hombro de Armitage.
  • Armitage, ¿Acerca de qué es el favor de tu amigo, el Señor Bloch?
  • Encontrar a una amiga de él. Lo que me incomoda es que mencionó que Sophie usó flores de Loto Negro.
  • Lo menos que podría pasar es que tuviera alucinaciones – informé.
  • Prefiero actuar como si fuera el peor escenario posible – me dijo Armitage, pensativo.
  • Aquí está lo que me pediste – respondió el Doctor West, quien le dio una caja con pastillas de fenobarbital. Salté un poco, no me gusta que me sorprendan.
  • Gracias, Dr. West. Nos iremos de inmediato a Moscú para conducir una investigación. Charlotte, te espero en el hangar. Además, espero que no sea necesario que tengas que manipular alguna memoria – dijo Armitage. Tampoco quiero hacerlo; a veces olvido, me confundo o rememoro cosas ajenas a mí como resultado de manipular recuerdos.

Fui a mi cuarto, saqué una maleta pequeña, metí una blusa de manga larga, pantalones, saco, pijama y me llevé ropa térmica debajo de mi ropa, me puse una chamarra, una pistolera donde guardé una pistola Colt M1911A2; también llevé cartuchos con balas normales y de las que fabrica la Universidad Miskatónica, que contienen magia. Después cargué la maleta y fui trotando al hangar. Armitage ya estaba ahí con una maleta mediana. La abrió nuevamente, supongo que para repasar lo que tenía. Alcancé a ver unos pocos cartuchos de munición incluyendo los que se fabrican donde trabajamos, además de cajas de piel artificial y un botiquín de primeros auxilios. Los revólveres los tenía en las pistoleras que Armitage se coloca a la altura del pecho, ocultas por la gabardina.

Armitage me esperó afuera al avión al pie de las escaleras. Para ese momento yo estaba a pocos pasos de la aeronave. Subimos por las escaleras. Él me dejó pasar primero. Por último, buscamos nuestros lugares y nos abrochamos los cinturones.

  • ¿Tienes listo un cristal para formar una Distorsión Espaciotemporal (D.E.)?
  • Sí, ¿Por qué habría de olvidarla? – respondí sacando una gema de mi chamarra.
  • Es bueno saber que estás preparada, es todo – me dijo Armitage.

Me senté en un lugar con ventana, él al otro lado. Se quedó inmóvil, pareciera que está descansando. Intenté dormir lo más posible antes de llegar a Moscú, aunque escuché que las puertas del hangar se abrieron, me sobresalté, pero después el sonido monótono me acurrucó; concilié el sueño hasta que llegamos a Domodedovo. Bajamos y nos recibió una mujer un poco más alta que yo, vestida con un traje de vestir color negro con corbata y una shapka ushanka que cubría la cabellera dorada larga, ojos azules y la expresión de su cara era como de una muñeca.

Laryssa y Armitage hablaron. Lo último que me dijo Armitage es que íbamos a la estación Ulitsa Skobelevskaya.

Regresé de un Congreso de Medicina en Berlín y hace dos días que no veo a Sophie. Apenas llegué a la estación Ulitsa Skobelevskaya, en Moscú. Le pedí a Armitage que viniera para ayudarme con Sophie Thompson, ya que ella dijo no sentirse bien. Él me dijo que invitó a una asociada que podría ayudarme mejor con su condición, o eso entendí.

Pasé por los torniquetes de acceso y vi a una mujer con el cabello rubio hasta los hombros, ligeramente ondulado con puntas y ojos de color celestes. Vestía con una bufanda color verde con franjas amarillas, pantalón de mezclilla y una chamarra azul marino con una dona en una mano y un celular en la otra. Ella vio en mi dirección al igual que un hombre alto con gabardina negra, a continuación, ella me vio de forma afable; caminaron y se detuvieron frente a mí.  A su lado vi a un hombre vestido de negro, excepto por una máscara blanca de los Doctores de la Plaga y unos guantes color café; ese es Armitage.

  • Usted debe ser el Señor Bloch, ¡venga con nosotros! – me dijo la mujer – una disculpa, mi nombre es Charlotte Ward. Mucho gusto en conocerlo.
  • El gusto es mío – Respondí. Ella extendió la mano y las estrechamos.
  • Hace tiempo que no nos vemos, Bloch… la Señorita Laryssa nos está esperando en el estacionamiento – dijo Armitage. Me saludó con un apretón de manos fuerte, típico de él.
  • ¿Laryssa?, ¿Quién es ella? – pregunté.
  • Una conocida del gobierno Ruso – respondió Armitage.

¡Madre mía! ¿En qué problema se habrá metido Sophie?, guardé la compostura; por otro lado, Armitage llevaba dos maletas, una pequeña, otra de tamaño mediano.

  • Si no es indiscreción, ¿Qué llevas en las maletas, Armitage? – inquirí, por lo menos quiero saber si yo estaba en aprietos.
  • Algunas cajas con piel artificial y equipo de primeros auxilios, en la otra maleta, ropa. No te preocupes por Sophie – me tranquilizó Armitage a pesar de esa voz metálica. Aunque me llamó la atención lo primero.

Subimos al estacionamiento y vi una camioneta de color negro. No vi bien al salir de la estación, me acerqué más y era una camioneta GAZ Tiger-2. Los vidrios estaban polarizados, así que no pude ver si había alguien más adentro, pero nos esperaba afuera una mujer de cabello largo, rubio, lacio y pulcro, ojos azules, traje de vestir color negro con corbata y una shapka ushanka. Hacía frío en la noche. Nos acercamos más.

Después Laryssa caminó hacia la puerta del conductor y la abrió; ella entró. Mientras tanto, Armitage puso en el suelo una de las dos maletas y le abrió la puerta a Charlotte, después me dejó pasar. Cerró la puerta. Acto seguido, escuché los pasos de Armitage quien caminaba hacia atrás del vehículo, después que abrió la puerta de la cajuela y por último metió la maleta con mucho cuidado. Después la cerró con firmeza. Escuché que Charlotte y Laryssa se abrocharon el cinturón de seguridad. También lo hice. Armitage abrió la puerta, se sentó en el lugar del copiloto y se abrochó el cinturón. Laryssa encendió el vehículo y salimos del estacionamiento.

  • ¿Cómo estuvo el viaje, Armitage?, y si no es molestia, ¿Quién es él? – dijo Laryssa.
  • Descansé bien. Él es el Doctor Alfred Bloch – respondió Armitage.
  • Mucho gusto en conocerlo, Señor Bloch – expresó Laryssa.
  • El gusto es mío, Señorita Laryssa – endosó Bloch.
  • ¿Seguimos lo que planeamos, Armitage? – cuestionó Laryssa.
  • Depende de dónde esté Sophie – propuso Armitage. No sabía si sentirme aliviado o aprensivo.

Por medio de un comando de voz, Laryssa ordenó a su celular que contactara a alguien. Una vez que contestaron, empezó a hablar en ruso así que no pude entender mucho. Después colgó.

  • En estos momentos Sophie está saliendo de su departamento – concluyó Laryssa.
  • Vayamos lo más pronto posible a su domicilio – propuso Armitage.
  • Me alegro porque Sophie esté bien, pero ¿A qué viene tanta discreción?, sin ánimos de ofender a la Señorita Laryssa.
  • No hay problema. Es por las muestras que Sophie envió a la Universidad Estatal de San Petersburgo – dijo Laryssa.
  • Eso también llamó nuestra atención cuando tú y yo hablamos por el celular, Bloch – secundó Armitage.
  • Sophie me dijo que los resultados no eran concluyentes, ¿Y cómo se conocen? – respondí, igual puedo ser de ayuda.
  • Cruzamos palabra cuando estábamos en Grecia en el 2022. Los dos estábamos de vacaciones en Tesalónica. Además, la organización para la que él trabaja nos ha ayudado con algunas cosas, ¿Cómo dijiste que se llamaba, Armitage? – dijo Laryssa.
  • La Universidad Miskatónica. Por otro lado, ¿Qué tan alterada viste a Sophie, Bloch?
  • Desde la primera pastilla que usó, observé que le costaba trabajo concentrarse, también me dijo que era difícil dormir y que percibía un olor fuerte, aunque el lugar estuviera limpio. La segunda vez que la tomó, tuvo convulsiones y procedí a hacer respiración cardiopulmonar. No sé qué ha sido de ella en estos dos días.

Laryssa, Charlotte, Armitage y yo hablamos mientras recorríamos las calles de Moscú. Todavía era de madrugada, así que la ciudad aún tenía la luz de la Luna y la luz pública le hacía compañía, incluidos los negocios que apenas abrían o que están en servicio las 24 horas.

Después llegamos al conjunto habitacional donde reside Sophie. Nos estacionamos y subimos por el ascensor hacia el cuarto de Sophie, la número 208 si mal no recuerdo. Laryssa abrió la puerta, primero intentó con una tarjeta y después con ganzúas; entramos. Armitage revisó y fue a un cuarto, después dejó las maletas sobre la cama, abrió la mediana y sacó las cajas, el equipo de primeros auxilios y algo de ropa. Aunque también vi que abrió lo que parecía un fondo falso. Sacó dos cartuchos para la Desert Eagle y la Glock 19 que tenía debajo de su gabardina.

Me acerqué a Armitage y puse la mano en la espalda. Él volteó, y delante de mí quitó el seguro para meter un cartucho para después ponerlo nuevamente, primero a la Desert Eagle y después a la Glock 19; las amartilló y les puso el seguro una a una, por último, las volvió a enfundar en las pistoleras. Se dio vuelta hacia donde estaba y bajó la mirada. Vi un par de lentes ajustados a la máscara nacarada. No sabía qué estaba pensando Armitage en ese momento, era incómodo. Miró a la agente.

  • Laryssa, ¿Dónde puedo encontrar a Sophie?, déjanoslo a Charlotte y a mí – dijo Armitage. Laryssa llamó, después habló con tono paciente pero firme. Por último, colgó.
  • Se dirige a la estación Nagatinskaya. Mantendremos un perímetro, en caso de que necesiten ayuda – dijo Laryssa.
  • Gracias, no tardaremos mucho. Espérennos aquí – dijo Charlotte.
  • No está tan lejos, podemos ir con ustedes en la camioneta – propuse. Le di una foto de Sophie, si en serio la fueran a buscar. Charlotte la tomó con delicadeza.
  • No se preocupe, Señor Bloch, traeremos a Sophie sana y salva – me dijo Charlotte con una sonrisa y levantando un pulgar. Me tranquilicé más hablando con ella. Armitage volteó hacia mí y se despidió con parsimonia. Después, tomé mis lentes para limpiarlos y me los puse de nuevo. Probablemente mis ojos me estén jugando una broma, pero creo que Armitage y Charlotte desaparecieron. Tampoco escuché que abrieran ni cerraran la puerta.

 

 

Charlotte y Armitage aparecen en la estación Nagatinskaya, ven a su alrededor. Salvo por unas pocas personas, la estación estaba vacía. El tren MagLev que salía de la estación apenas hacía ruido, pero su paso acelerado además de su color blanco pulcro y difuminado, hacía visible la figura de Armitage.

  • Qué bueno que vinimos de noche, no hay mucha gente – dijo Charlotte con alivio.
  • Cierto. Según lo que dijo Laryssa, debe estar cerca.
  • ¿Tu máscara no será un problema? – arguyó Charlotte.
  • Laryssa lo tiene cubierto. Trabaja para la FSB.
  • Qué bueno, ellos deben saber si Sophie está en problemas – respondió Charlotte.
  • No es como que la FSB pueda o vaya a hacer algo con respecto a Sophie.
  • ¿Eh?, ¿Cómo está eso? – cuestionó Charlotte.
  • El gobierno Ruso sólo está interesado en la investigación de Sophie – respondió Armitage. Ambos se quedaron en un incómodo silencio.
  • ¿Te parece si yo creo una D.E.? – propuso Charlotte.
  • Adelante, si hay una amenaza, yo la contengo y ustedes se teletransportan al departamento de Sophie.
  • Entendido – asintió Charlotte. Sacó una gema de su chamarra.

Los dos salieron a la calle, doblaron a la derecha e izquierda. Caminaron hasta pasar una tienda de conveniencia. La puerta del establecimiento se abrió. Armitage y Charlotte se dieron la vuelta y pasaron cerca. Vieron a una mujer que parecía estar desorientada quien entró a la tienda. Charlotte vio la fotografía y nuevamente a la persona antes poco antes que aquella mujer entrara al establecimiento. Charlotte tomó a Armitage por la manga y después la llamó, pero no obtuvo respuesta. Esperaron a que saliera y vieron que llevaba una botella con agua; vieron la fotografía y fueron hacia ella.

  • Disculpa, ¿Eres Sophie Thompson? – preguntó Charlotte. Sophie no respondió y los observó con una mirada desencajada, los dedos formaron un puño y la mandíbula tensa.
  • El Doctor Bloch nos llamó para ayudarte, ¿Estás bien? – dijo Armitage tratando de apaciguarla.

Sophie entró a la estación del Metro corriendo. Armitage y Charlotte siguieron a Sophie caminando para no llamar la atención.

  • Mbesh’puhr’vekká – dijo Charlotte a la gema cuando ambos entraban a la estación.

Sophie vio cómo las blancas columnas y las pinturas de la historia de Rusia de la estación Nagatinskaya se convertían en paredes con ladrillos de color carmesí, con apariencia desgastada. La luz era tenue. Sophie apoyó los brazos en la pared. Aunque su respiración era agitada, guardó la calma y respiró lentamente.

Vio tres arcos; izquierda, derecha y frente a ella. Escuchó dos pares de pisadas de la derecha pequeñas, iban hacia ella. Caminó por el pasillo del centro hacia otra recámara y se escondió. Escuchó pasar a aquellas personas o lo sea que fueran, se alejaron trotando.

Después, Sophie vio cómo una pata salía de una esquina, después otra, que descubría una garra negra como la obsidiana. Corrió hacia donde ella estaba y dobló a la derecha. Resbaló, cayó y se levantó lentamente. Escuchó aquel estruendoso ruido que parecía provenir del sonido distorsionado de una máquina; miraba expectante hacia las tinieblas del pasillo, sus brazos se tensaron nuevamente, de los ojos de Sophie salían lágrimas y sus labios sollozaron de miedo. Las pisadas se detuvieron. Sophie respiró con firmeza y movió sus pies, preparándose para escapar. Aquella cosa caminó con parquedad hacia el otro lado del pasillo.

Sophie apenas pudo distinguir los ojos sanguinolentos de aquella bestia, que brillaban al otro lado del pasillo, su cuerpo oscureció el túnel tan pronto avanzó; Sophie corrió. El paso de la bestia se aceleró para darle caza a Sophie. Ella huyó tan rápido como pudo. Volteó la cabeza mientras seguía corriendo. Mientras tanto aquel adefesio ya estaba acortando la distancia con Sophie. Entonces Sophie se topó con algo firme y retrocedió ligeramente, era el hombre de la gabardina negra.

  • ¡Charlotte, la barrera! – ordenó Armitage.
  • Haphgkkung, ïa, Nyarlathotep! – invocó Charlotte. Después fue hacia Sophie, la ayudó a levantarse y se pusieron detrás de Armitage.

Mientras tanto, la bestia chocó con la defensa que invocó Charlotte, retrocedió y con sus patas terminadas en largas garras golpeó la esfera con fuerza una y otra vez hasta que aparecieron las primeras grietas. Abrió las fauces, mostrando las cuatro dagas que tenía por colmillos; quebró la primera barrera. Armitage sacó las pistolas.

  • Charlotte, en el breve instante que eso retroceda, levanta la barrera. Yo disparo – dijo Armitage.
  • ¡Pero estaremos expuestos! – gritó Sophie. Armitage miró a la aberración frente a él, a Charlotte y a Sophie de reojo.
  • Tendrás una oportunidad, Armitage – respondió Charlotte.
  • No podría ser de otra forma. Hazlo – concretó Armitage.

Charlotte respiró hondo. Vio que la segunda barrera estaba por romperse. Armitage escuchó que Charlotte respiraba con un poco de dificultad. La monstruosidad desgarraba la defensa con una ferocidad implacable. Charlotte siguió los movimientos de la aberración y vio el retroceso que necesitaba.

  • Pharkó’iem’ká – dijo Charlotte. La esfera se desvaneció en millones de pedazos. Charlotte recuperó el aliento.
  • Kathzak’shé, Yog-Sothoth! – exclamó Armitage tan pronto como aquella bestia se abalanzaba sobre ellos.

La quijada temerosa de Sophie se inmovilizó. En sus ojos vidriosos se reflejó la bestia como una enorme estatua salvaje y cruda, que le devolvía la mirada con ojos sangrientos y fauces abiertas, exponiendo hileras de dientes aserrados.

Armitage sacó las pistolas, apuntó y vació los cartuchos de la munición .50 AE de la Desert Eagle, y las balas .45 ACP de la M1911A2 al abdomen y patas delanteras de la bestia. Los fogonazos de los disparos se veían como flores de fuego con plomo con dirección al vientre y las extremidades; parecían congeladas en un instante del tiempo. Después quitó el seguro de la Desert Eagle, sacó el cartucho y metió uno nuevo con balas especiales. Las balas apenas entraron en la piel de la bestia.

  • Rod’phtán Shug’khó – invocó Armitage después de acercarse la Desert Eagle a la máscara. Acto seguido, disparó dos balas más contra las entrañas de la aberración – Kath’fshák.

Las balas impactaron como una lluvia de plomo en el pecho y las extremidades, haciendo retroceder a la bestia, la otra bala explotó en el vientre y el último proyectil lo contuvo en una prisión de hielo. La monstruosidad cayó con la vista en Armitage, Charlotte y Sophie, mostrando los dientes. Armitage mantuvo la guardia.

  • ¿Estamos a salvo? – preguntó Sophie.
  • Apenas. Vayan al departamento con Bloch – dijo Armitage.
  • ¡Qué! – protestó Sophie.
  • Bloch nos pidió que te buscáramos. Así que ven con nosotros, ¿Vale? – interrumpió Charlotte con una sonrisa. Sophie asintió, renuente. Escucharon que el hielo se empezó a resquebrajar.
  • ¡Qué están esperando! – espetó Armitage. La cabeza, después las patas delanteras se liberaron y un rugido escapó de sus fauces. Sophie dijo unas palabras y desaparecieron del laberinto.

La monstruosidad se liberó del hielo y miró hacia abajo, donde estaba Armitage. Ambos se contemplaron el uno al otro. La bestia gruñó. Él dijo “Khorak’mín’nungká” y recargó la Desert Eagle, guardó la Colt. Después la monstruosidad se abalanzó hacia él y lo mordió uno de los brazos de Armitage. Él vació las balas dentro de las fauces del adefesio y después, con ambas manos, forcejeó contra las hercúleas fauces y angulosos dientes de aquella quimera, quien jalaba a Armitage de un lado al otro, después levantó a la bestia hasta el techo y logró liberar su brazo; los dientes rasgaron el brazo de Armitage hasta que se desprendió. Levantó y empujó al adefesio contra la pared hasta que escuchó crujir el pecho de la bestia. Después sentía que sus fuerzas menguaban poco a poco.

Se alejó con prisa, con la mirada en la fiera mientras Armitage veía cómo el cuerpo de éste se regeneraba poco a poco mientras la monstruosidad le devolvía la mirada con ojos rubicundos mientras se erguía y rugía. Armitage respiró lentamente, sentía cómo escapaba su sangre, miraba a la aberración mientras se apoyaba de espaldas a la pared, con la respiración entrecortada. Respiró por segunda vez, se concentró, y vio como avanzaba hacia él; el hueso de sus brazos comenzó a crecer, después los músculos, por último, la piel. Respiró por tercera vez, levantó los brazos y tomó al adefesio por el pecho; el animal retrocedió y dio zarpazos.

Él agarró al mulo por las patas delanteras; éste se dejó caer sobre él. Armitage soportó el peso de la aberración y lo levantó al techo; la piel de los brazos y el torso de él se cubrían de llamas de color jade, que se elevaban con el pasar de los segundos.

Del torso de la bestia crecieron espinas que se hundían en el pecho de él, introduciéndose entre la clavícula y el esternón de Armitage. Él rompió las espinas y golpeó las costillas de la monstruosidad hasta escuchar que se quebraban, después empujó hasta que las vértebras de aquel coloso traqueteaban, por último, puso sus manos en el cuello y apretó hasta que éste se rompió. Las llamas quemaban la espalda, brazos y cabeza de Armitage.

Él retrocedió con la vista en la bestia, la cual cayó. Éste seguía con la rubicunda mirada retadora, mostrando los dientes. Armitage disparó cinco balas al lomo de la bestia mientras espetaba “Ngáksham’Rodká”. Después se acercó a la monstruosidad, tomó la Desert Eagle y se la llevó.

Él se quitó la máscara para que un poco de sangre brotara de su boca, se la puso nuevamente, se quitó las espinas clavadas en su pecho, respiró y, por último, se desvaneció. Los iracundos ojos contemplaban el vacío mientras los rugidos hacían eco en todo el laberinto, la carne y huesos del adefesio se rehacían.

 

Charlotte y Sophie aparecieron en el departamento. Sophie vio alrededor, primero a Charlotte y después a Bloch.

  • ¿Cómo te sientes, Sophie? – cuestionó Bloch.
  • Espantada de lo que acabo de ver… de lo que más puedo darle sentido. Me pregunto si estoy alucinando – respondió Sophie. Abrazó con fuerza a Bloch.
  • Sophie, estamos en tu departamento, ¿Percibes algo que no sea real? – examinó Charlotte.
  • Aquella mujer, supongo – indicó Sophie, señalando a Laryssa. Laryssa abrió el refrigerador y tomó una botella de agua.
  • No te sabría decir si una alucinación te daría una botella – contestó Laryssa ofreciéndole una bebida. Sophie suspiró aliviada.

Armitage apareció en el departamento de Sophie. La manga derecha de su gabardina estaba hecha girones, el mismo brazo estaba rasgado y con saliva.

  • ¿Qué era esa cosa? – cuestionó Sophie.
  • Un Perro de Tíndalos – respondió Armitage.
  • No se veía como un… no importa – dijo Sophie.
  • Pero más importante, voy a limpiarme y curarme, ¿Puedo ocupar tu baño? – propuso Armitage.
  • Es lo menos que puedo hacer, aunque me sorprende que siguas vivo – dijo Sophie.
  • Me arrancó un brazo, no fue más que un rasguño – bromeó Armitage.

Armitage y Charlotte entraron al baño, él tomó las cajas con piel artificial y la de primeros auxilios donde, primero, se lavó el brazo que le mordió el Perro de Tíndalos; después se quitó la gabardina, máscara y camisa, donde ambos pusieron piel artificial sobre las quemaduras que estaban en los hombros y los brazos. Charlotte puso la piel artificial en la espalda, curó sus heridas. Por último, Armitage se vistió, se puso la máscara, la camisa, las pistoleras, sus armas, la gabardina y, por último, salieron. Sophie los esperaba en la puerta, cabizbaja.

  • ¿Por qué me busca eso? – cuestionó Sophie.
  • No es por ser grosera, pero ¿Qué lograste hacer con el Loto Negro? – respondió Charlotte.
  • No lo sé, pero sentía que mis sueños duraban décadas o hasta miles de años – expuso Sophie.
  • Contestando a tu pregunta, a los Perros de Tíndalos les atraen las personas que viajan a través del tiempo – respondió Charlotte.
  • No me digan que esos sueños,… ¿Qué sigue ahora? – dijo Sophie, con un suspiro de resignación, viendo a Charlotte y a Armitage.
  • Mantenerte con vida – indicó Armitage.

Bloch escuchó y observó que llegaron otras dos GAZ Tiger-2. Laryssa sacó su celular, llamó, dio una instrucción en Ruso y colgó. Seis personas con trajes y lentes negros llegaron en unos minutos donde ellos estaban. Entraron al departamento de Sophie, se llevaron la computadora personal y cualquier anotación que Sophie tuviera impresa.

  • Armitage, ¿Qué significa esto? – cuestionó Bloch con molestia.
  • Lo que ves, vinimos a salvar a Sophie de un Perro de Tíndalos. Por otro lado, el gobierno Ruso está interesado en su investigación – respondió Armitage. Sophie estaba confundida y enojada.
  • Al menos díganme cuál es su interés en mi investigación – dijo Sophie a Laryssa, desafiante.
  • Es información clasificada – contestó Laryssa.
  • ¿Y ahora qué? – preguntó Sophie a Armitage.
  • Necesito que tomes el fenobarbital – dijo Armitage. Le dio la caja de tabletas a Sophie.
  • Entonces… ¿Crees que induciéndome un coma pueden ayudarme? – declaró Sophie.
  • Y escapar tan pronto te deje de seguir el Perro de Tíndalos. Laryssa, quiero evitar bajas civiles, por lo que debemos ir a las afueras de Moscú – propuso Armitage.
  • Los llevaré. Aunque quiero ver si puedo obtener una muestra de ese “Perro de Tíndalos”. Traje fusiles ShAK-12, lanzagranadas y lentes de visión nocturna – expuso Laryssa.
  • Excelente – respondió Armitage.
  • Quiero ir con ustedes – propuso Bloch.
  • No. Estarás a salvo si no te metes más – objetó Armitage.
  • Si esa cosa es verdad, van a necesitar a alguien que mantenga encendida la camioneta para que nos vayamos rápido – rebatió Bloch. Armitage volteó a ver a Bloch y meditó en silencio tocándose la barbilla. Sophie arqueó una ceja y sonrió.
  • Es un buen acuerdo, Bloch; nos ayudarás a escapar como alma que lleva el diablo – dijo Armitage, dándole a Bloch una palmada en el hombro.

Bajaron las escaleras al estacionamiento y subieron a la camioneta. Después Sophie vio la caja y tomó una pastilla con un sorbo de agua, para después acomodarse en el asiento mientras Armitage y Charlotte iban apostados atrás; Laryssa manejaba y Bloch era el copiloto. Al poco tiempo, Sophie entró en coma mientras ellos avanzaban hacia la oscuridad del bosque en las afueras de Moscú.

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