Renacimiento (Flash Fiction).

A la mitad de la carretera que conectaba a Dunwich e Innsmouth, en un camino rodeado por el bosque donde la luz rubicunda y amarillenta del crepúsculo anunciaba la llegada de la noche, cuyas estrellas se convertían en millones de pequeños ojos cuyas miradas veían, impasibles, en dirección de un automóvil aparcado a un lado de la carretera.

Una mujer con cabello negro dio la última vuelta a los pernos. La llanta estaba firme. Después se adentró en el automóvil, avanzó y probó los frenos. El carro siguió avanzando. Usó el freno de mano y el vehículo se detuvo antes de llegar a la carretera. Bajó y vio un rastro de aceite. Fue a ver mientras encendía una lámpara que trajo consigo. Notó que era el líquido de los frenos.

Sacó un celular de su bolsa. Había una solitaria barra; la conexión era inexistente. Respiró profundamente. Sus dedos apretaron los botones para llamar a su esposo, quien la esperaba en Dunwich. A la primera no contestó. En el segundo intento, ella escuchó a su esposo, Ray. Él no pudo escucharla, aunque la llamara con insistencia por su nombre; Ashley. Colgaron. Respiró profundo. Regresó al carro y tomó la chamarra que dejó Ray.

Después tomó distancia de la carretera. Comenzó a levantar y mover los brazos cuando veía acercarse un vehículo. Hasta ese momento no se detuvo un solo automóvil. Sus manos comenzaron a sudar. Solo la luz de luna iluminaba la carretera. Ashley intentó nuevamente llamar la atención de alguien. Vio luces a lo lejos. Levantó las manos y las movió enérgicamente. El camión se detuvo veinte metros después de donde estaba Ashley. Posteriormente, ella vio a un hombre salir del vehículo. Se acercó a ella.

  • Buenas noches, ¿Necesita ayuda?, vengo con varios pasajeros que llevo a un hospital psiquiátrico.

Ashley lo inspeccionó de arriba abajo. No podía hablar con Ray. Ya era de noche y estaba en medio de la nada. La única persona que bajó a ayudarla no le daba buena espina al principio. Caminó hacia el vehículo, subió y vio que había enfermeras y pacientes. Se quedó tranquila, había dos cerca de Dunwich; uno de la ciudad y otro privado. Sonrió. Ashley vio que el conductor había regresado.

  • Se lo agradecería mucho – dijo Ashley.
  • Adelante, señorita. Tome asiento.

Posteriormente, Ashley vio un paciente afroamericano viendo hacia la ventana, casi al frente. Tenía vendas en el brazo derecho. Él apenas le devolvió la mirada; parecía estar sedado. Una enfermera estaba a su lado. Fue a sentarse al otro lado de donde estaban. El conductor los llevó por la carretera. Después dobló a la derecha y entró al bosque. Las copas de los árboles cubrieron parte de la pálida luz de luna. Ashley apena podía ver el bosque si no fuera por la luz del camión de pasajeros. Llegaron a la Fundación Psiquiátrica Langley. Ashley bajó del vehículo tan pronto se detuvo.

Se dirigió a la recepción y tocó el timbre para pedir un teléfono. Notó el logotipo que parecía al ADN, dispuesto como si fuera un dulce con las alas de las envolturas a los lados, observó un punto en cada una de las tres partes. La recibió una mujer con cabello largo y recogido, una bata blanca con una blusa roja. Vio que se llevaban al paciente que vio antes.

  • ¿Le puedo ayudar en algo, señorita?
  • Es muy amable de su parte, necesito hacer una llamada – respondió Ashley.
  • Sígame por aquí, ¿Le ofrezco algo de tomar?
  • Gracias, no se moleste – dijo Ashley.
  • No es molestia, es más, puede pasar la noche con nosotros… ¡Ey, Jonathan!, ¿Podrías traerle una botella a nuestra invitada?, es el conductor que los trajo aquí.

Gritó la mujer, quien levantó y extendió la mano. Ashley alcanzó a ver el tatuaje de un ojo en la palma de la mano izquierda de la mujer.

  • ¿Dónde quedaron mis modales?, Amber Langley – Expresó la mujer extendiendo la mano a Ashley.
  • Mucho gusto, Ashley Johnson – correspondió el gesto.
  • Señorita Ashley, aquí está el agua. Solo tenemos líneas de tierra para las instalaciones y la recepción es mala. Una disculpa por las molestias.
  • Llamaré para que traigan su automóvil y lo reparen tan pronto podamos – dijo Amber.

El semblante de Ashley mostraba resignación mezclada con esperanza. Después, ella preguntó por una habitación disponible para pasar la noche.

Más tarde, Ashley contemplaba la bruñida luna asomarse y desaparecer entre las nubes. Veía en el monitor del celular la foto de Ray. Abrazó el celular. Ashley escuchó movimiento en el pasillo. Nada raro, pensó. Sin embargo, los pasos parecían erráticos. Algo daba tumbos. Golpeó su puerta con las palmas. Persistente. Ashley se abrazó contra la almohada. Silencio.

Después fue hacia la puerta y abrió. Vio al mismo afroamericano que iba en el camión. Se vieron el uno al otro. La tomó por el antebrazo. La jaló hacia afuera de la habitación. Su faz estaba desencajada del pánico. Ashley notó un escalpelo en la mano derecha de la persona. Lo siguió sin opone resistencia. El hombre no la amenazó, sino que la jaló con él.

Doblaron por el pasillo que daba a las escaleras. Del impulso, el hombre apuñaló a Amber en el corazón y cortó el cuello. El cuerpo de Amber se estrelló contra la pared. El hombre se alejó y tiró el escalpelo. Amber sonrió, el corte de su cuello se curó.

  • ¿Dónde ibas con tanta prisa, Jeremiah?, peor aún, ¡Casi te llevas a nuestra invitada!

Tan pronto Jeremiah corría para asestar un golpe a Amber, ella se adelantó y tomó su cuello con una mano. El brazo derecho de Jeremiah se volvió quitinoso. Golpeó con más fuerza. Sin embargo, Amber logró someterlo fácilmente.

  • Señorita Ashley, me temo que no debió ver eso. Disfrute su estancia – dijo Amber con una sonrisa.

Amber impuso las manos frente a Ashley. Lo último que vio fueron dos tatuajes parecidos a ojos.

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